Dado que los cuidadores y los padres son fundamentales para ayudar a los niños a desarrollar habilidades emocionales y sociales, el tiempo en familia es vital para fomentar estas habilidades y reducir la posible necesidad de intervenciones psicológicas y emocionales en el futuro. No solo estás fortaleciendo tu vínculo con tus hijos, sino que también les estás proporcionando un entorno en el que puedan comprender y practicar las habilidades necesarias para su salud emocional. Además, las investigaciones muestran que el tiempo en familia brinda a los niños una sensación de apoyo, seguridad y amor, lo que incrementa directamente su competencia emocional.
Sin embargo, también se debe considerar la calidad del tiempo en familia. Tan importante como participar en las actividades recreativas de tus hijos o hacer diligencias juntos, es dedicar un momento en el que todos se desconecten de las distracciones externas y se enfoquen unos en otros. A través de estas experiencias, los niños pueden ampliar su repertorio emocional, aumentar su competencia social, desarrollar la capacidad de usar el lenguaje para comunicar sus sentimientos y comprender qué emociones son apropiadas para expresar en determinados contextos.
El desarrollo infantil abarca mucho más que el movimiento, el pensamiento y el aprendizaje académico. Las prácticas de crianza son fundamentales para desarrollar la regulación emocional de un niño y su capacidad para interactuar exitosamente con otras personas. Los cuidadores desempeñan un papel importante en fomentar este desarrollo, ya que las familias son las figuras más influyentes en la vida de un niño desde el principio. Los niños pueden aprender a regular sus emociones, verbalizar sus sentimientos y comprender las emociones de los demás. Esto se puede aprender durante el tiempo de calidad en familia, donde cuidadores y niños se concentran plenamente el uno en el otro en un entorno seguro y constructivo.
Para asegurarte de que el tiempo en familia sea de calidad, intenta jugar con tu hijo con el propósito de potenciar su desarrollo. Por ejemplo, dale juguetes que estimulen su imaginación, como disfraces, juegos de cocina o bloques, ¡y juega junto a él! Estas actividades ayudarán a que desarrolle su capacidad de expresarse y su confianza para probar cosas nuevas. El tiempo de juego puede ser divertido para toda la familia: pon la música favorita de tu hijo, bailen juntos y tomen turnos imitando los movimientos del otro. Esto ayudará a fortalecer el vínculo familiar a través de experiencias compartidas y a crear recuerdos que durarán muchos años.
Los niños que son emocional y socialmente estimulados crecen y se convierten en adultos exitosos, capaces de mantener relaciones, ocupar empleos y ser miembros activos y contribuyentes en la sociedad. Por lo tanto, como cuidadores, padres y familias, se debe dedicar mucho más esfuerzo a invertir en el desarrollo social y emocional de los niños, ya que probablemente influirá en su bienestar futuro y en su papel dentro de la sociedad.