Lavarse las manos debe ser un hábito — algo que todos hagan después de ir al baño, al entrar a casa o antes de comer. Es importante enseñar ciertas reglas a los niños desde una edad temprana para que las aprendan con seguridad. ¿Es difícil enseñar a un niño pequeño a lavarse las manos? ¿Y cómo evitar desanimarse si al principio no ves resultados en su comportamiento? Aquí te damos algunos consejos.
Lavado de manos eficaz
Lavarse las manos es un acto de higiene que consiste en eliminar los contaminantes visibles, virus y bacterias de la superficie de la piel de las manos y muñecas, para prevenir infecciones transmitidas por contacto[1]. Por eso, es una de las actividades de higiene más importantes del día.
Tanto niños como adultos deben procurar minimizar la posibilidad de que virus y bacterias entren en el cuerpo. El daño causado por la contaminación puede ser muy peligroso, especialmente para los niños, quienes tienen una inmunidad más débil frente a diversas enfermedades, especialmente en invierno.
Las manos sucias son la causa más común de la propagación de infecciones virales, bacterianas y parasitarias. Esto puede provocar enfermedades gastrointestinales — ya sea directamente cuando el niño se lleva los dedos a la boca o indirectamente a través de alimentos contaminados. Tocarse la nariz y la boca también puede causar infecciones respiratorias. Los gérmenes en las manos permanecen en los objetos y pueden convertirse en una fuente de infección para otros miembros de la familia. Por ello, es aún más importante enseñar a los niños la importancia del lavado de manos desde una edad temprana.
Instrucciones de lavado de manos para niños
Lo mejor es empezar el aprendizaje como un juego. Usar jabones de colores y con envases atractivos puede hacer que la experiencia sea divertida y motivadora para tu pequeño.
Comienza por familiarizar al niño con las “herramientas” que necesitará para esta actividad. Es importante recalcar que, aunque el jabón huela bien y tenga un aroma agradable, no debe metérselo en la boca, y que después de lavarse debe secarse las manos con una toalla o pañuelo. También conviene explicarle que la espuma que se forma durante el lavado no debe salpicar fuera del lavabo, para evitar que ensucie las paredes del baño durante el juego.
Un recipiente con agua es un buen comienzo
Puedes empezar a enseñar a tu hijo a lavarse las manos con un cuenco o recipiente con agua, lo cual se convertirá en una forma adicional de juego. Es probable que salpicar le parezca más divertido que el lavado en sí, pero lo importante es que asocie esta actividad con algo agradable, no con una obligación o castigo.
Al principio, lava tú mismo las manos de tu hijo para que observe cómo se hace correctamente; más adelante, deja que lo intente por sí solo. Permítele aplicar, frotar y enjuagar el jabón, y luego secarse las manos. Con el tiempo, irá mejorando, y la alegría de lograrlo será enorme.
Una vez que el niño haya aprendido a lavarse las manos, el siguiente paso es explicarle cuándo debe hacerlo. Es importante recordárselo cada vez, para que se convierta en un hábito. Después de ir al baño, al entrar a casa o antes de preparar y comer alimentos, siempre debe lavarse las manos. Explicar este ritual de forma tranquila y constante es mucho más efectivo que enojarse por los descuidos.
Lo más importante: dar un buen ejemplo
Un niño no aprenderá buenos hábitos si mamá y papá no dan el ejemplo. El lavado de manos es más efectivo cuando los niños imitan a sus padres.
A los pequeños les encanta participar en las actividades de los adultos, por lo que cuando los padres se lavan las manos, es buena idea llamar al niño para hacerlo juntos. Esto creará recuerdos positivos asociados con esta actividad. Quizás, en algún momento, sea el propio niño quien recuerde a los padres que deben lavarse las manos al entrar a casa.
Cada vez que tocas un picaporte, un billete o una barra del transporte público, se transfieren entre 10,000 y 100,000 células microbianas a tus manos. Es una verdadera “bomba bacteriana” que solo puede desactivarse lavándose las manos. Basta con unos pocos segundos de lavado para eliminar hasta el 90% de las bacterias.[2]