Las rutinas y tradiciones familiares no solo representan el tiempo que los miembros de la familia pasan juntos, sino también la calidad del tiempo y las emociones involucradas en estas prácticas. Esa calidad proporciona el entorno que los niños necesitan para comprender las expectativas según su edad, desarrollar autonomía y habilidades para establecer relaciones. También les brinda un sentido de seguridad que fomenta la confianza y la autoestima a medida que aprenden a seguir una rutina constante. Los rituales y tradiciones familiares ofrecen oportunidades perfectas para que surjan de forma natural situaciones en las que los cuidadores pueden enseñar y reforzar habilidades sociales y emocionales, ayudando a formar adultos socialmente competentes que contribuyan positivamente a la sociedad.
Las rutinas y rituales familiares pueden variar de una familia a otra, pero existen ejemplos generales de cómo implementar interacciones positivas. Un buen momento para hacerlo es planificar cenas familiares de forma rutinaria, asegurándose de que todos los miembros comprendan la importancia de esos encuentros. Las investigaciones han demostrado que las cenas en familia ayudan a aumentar la motivación de los niños, desarrollar una identidad positiva y reducir las conductas de alto riesgo. Además, celebrar juntos los logros importantes y crear rituales únicos para las festividades especiales puede contribuir al desarrollo de la identidad social y emocional de los niños, así como a la identidad familiar como una unidad cohesionada.
Estos ejemplos enseñan de forma indirecta valores familiares importantes, maneras adecuadas de conversar, cómo brindar cuidado y apoyo a los seres queridos, pensamiento reflexivo, compromiso, cooperación y otras diversas habilidades sociales y de comunicación.
Las prácticas de las rutinas y tradiciones familiares tienen el potencial de fomentar resultados positivos para los niños, adolescentes y adultos jóvenes. Proporcionan patrones familiares concretos y predecibles que, en última instancia, facilitan un desarrollo saludable de los niños en todos los aspectos. Sin embargo, la calidad de las rutinas y tradiciones familiares es más importante que la cantidad de tiempo compartido para lograr los mejores resultados posibles.