Mojar la cama: ¿qué significa y cómo abordarla?

La enuresis nocturna, comúnmente denominada “mojar la cama”, es un problema más frecuente de lo que parece. Los datos indican que afecta a entre el 15 % y el 20 % de los niños de 5 años y al 5‑7 % de los de 10 años. [1,2] Sin embargo, esto no disminuye su impacto: puede afectar considerablemente a la calidad de vida diaria e incluso influir negativamente en el desarrollo del niño. Además, es importante prestarle atención, ya que se trata de una cuestión compleja que abarca aspectos psicológicos, sociales y médicos. Entonces, ¿cuándo se puede diagnosticar la enuresis nocturna? ¿Qué es exactamente, qué especialista puede ayudar, qué pruebas son necesarias y cómo acompañar al niño en este proceso?

¿Qué es exactamente la enuresis nocturna?

El propio nombre describe bien el problema: la enuresis nocturna es la pérdida involuntaria de orina durante el sueño, y se diagnostica cuando el niño ya debería tener control sobre la vejiga. Por tanto, solo puede diagnosticarse en niños mayores de 5 años. [2,3]

Existen diferentes tipos de enuresis nocturna. La primera clasificación se basa en los síntomas:

  • Enuresis nocturna monosintomática: el único síntoma es la micción involuntaria y ocurre exclusivamente por la noche (durante el día el niño controla la micción con normalidad). Representa aproximadamente el 80 % de los casos y también se conoce como enuresis simple o aislada. [2,4]
  • Enuresis nocturna no monosintomática: se acompaña de otros síntomas, especialmente del sistema urinario (por ejemplo, escapes de orina o micciones frecuentes). Representa alrededor del 20 % de los casos y se considera una forma más compleja. [2,4]

Otra clasificación tiene en cuenta la duración de los síntomas:

  • Enuresis primaria: está presente desde siempre y no ha habido periodos secos superiores a 6 meses.
  • Enuresis secundaria: aparece tras un periodo de al menos 6 meses sin escapes, es decir, después de que el niño haya logrado controlar la micción.[5]

Como se ha mencionado, es un problema frecuente. En Polonia, afecta a cerca del 5‑6 % de los niños entre 5 y 14 años, lo que equivale a unos 300.000 casos. Es más común a los 5 años y menos frecuente en la adolescencia (12‑14 años). De hecho, tiende a desaparecer con la edad, con una resolución espontánea en aproximadamente un 15 % de los casos cada año.[4]

No obstante, estos datos pueden subestimar la realidad, ya que sigue siendo un tema tabú y muchos padres no lo consultan con especialistas. Es importante recordar que para los profesionales sanitarios se trata de un problema habitual. Retrasar la consulta no es recomendable, ya que en un 2‑3 % de los casos puede persistir en la vida adulta. Una intervención temprana ayuda a reducir este riesgo.[4]

Enuresis nocturna en niños: causas

Se trata de un problema complejo con origen multifactorial. Entre los factores más importantes destacan:

  • Genética: si los padres tuvieron enuresis nocturna, el riesgo en los hijos es mayor. Si ambos padres la padecieron, puede afectar hasta al 70‑77 % de los hijos. También es más frecuente en gemelos monocigóticos.[4]
  • Anatomía: una capacidad vesical inferior a la esperada para la edad. Puede evaluarse mediante ecografía.
  • Disfunción vesical: por ejemplo, alteraciones en el funcionamiento de la vejiga durante la noche o hiperactividad del músculo vesical.[4]
  • Hormonas: especialmente alteraciones en la secreción de vasopresina (hormona antidiurética). Su baja producción nocturna puede provocar aumento de la orina nocturna. [2,4]
  • Neurotransmisores: algunas investigaciones sugieren una relación con la serotonina, implicada en la regulación del sueño.[5]
  • Desarrollo: retraso en la maduración de los mecanismos que permiten el control voluntario de la vejiga.[4]
  • Hábitos antes de dormir: beber demasiado líquido por la noche, consumir alimentos ricos en sal o calcio o no orinar antes de acostarse.[4]

Es importante destacar que, aunque a menudo se relaciona con el estrés o problemas emocionales, la evidencia sugiere que la enuresis no es su causa, sino que puede ser su consecuencia. Puede generar vergüenza, ansiedad e incluso castigos por parte de algunos padres, lo que empeora la situación. Por ello, es fundamental buscar ayuda profesional. [1,4]

Diagnóstico de la enuresis nocturna

El primer paso suele ser acudir al médico de familia o pediatra. Este puede recomendar estrategias iniciales y solicitar pruebas básicas, como análisis de orina y sangre (incluyendo glucosa, creatinina y electrolitos).

La ecografía también resulta útil para evaluar riñones, vejiga y recto.[6]

Si el tratamiento inicial no funciona o aparecen signos que requieren mayor atención, se recomienda acudir a un especialista, como un urólogo o nefrólogo.

El diagnóstico adecuado es clave para seleccionar el tratamiento correcto. Además, es importante descartar otras enfermedades, ya que la enuresis puede estar asociada a infecciones urinarias, enfermedades renales, diabetes, estreñimiento crónico o alergias, entre otros. Aun así, la mayoría de los casos (alrededor del 80 %) no presentan otros síntomas asociados.

Tratamiento de la enuresis nocturna: ¿qué puede ayudar?

En los casos de enuresis monosintomática, el tratamiento inicial es la uroterapia estándar. Incluye:

  • control de la ingesta de líquidos (especialmente por la noche),
  • distribución adecuada del consumo de líquidos durante el día,
  • micciones frecuentes en pequeñas cantidades,
  • recordar al niño que orine antes de acostarse.

La educación tanto de padres como de niños es fundamental en este proceso.[2]

Otra opción es el uso de alarmas de enuresis, dispositivos que emiten un sonido al detectar las primeras gotas de orina para despertar al niño. Con el tiempo (2‑3 meses), ayudan a que el niño reaccione a la sensación de llenado de la vejiga. [2,5]

También puede recurrirse a la medicación, siempre bajo supervisión médica. Por ejemplo, la desmopresina (un análogo de la vasopresina) puede regular la producción de orina durante la noche. En otros casos, pueden utilizarse medicamentos que actúan sobre la vejiga. Es fundamental que cualquier tratamiento farmacológico esté indicado por un especialista. [2,5,6]

¿Por qué es importante tratar la enuresis?

Abordar la enuresis es clave por varias razones. En primer lugar, puede ser un indicador de otras enfermedades que requieren tratamiento. En segundo lugar, los problemas psicológicos son cruciales en este sentido.

El niño puede aislarse socialmente, desarrollar baja autoestima y ver afectado su desarrollo social. Por ello, tanto padres como profesionales deben minimizar el impacto del problema y buscar soluciones lo antes posible.

Existen tratamientos eficaces, y cuanto antes se actúe, mejores serán los resultados.

Referencias:

  1. Jankowski, Z. et al. (2013). Bedwetting in children – a therapeutic and social problem. Family Medicine & Primary Care Review, vol. 15, n. º 2, pp. 114–115.
  2. Krakowska, A. et al. (2017). Children with monosymptomatic primary nocturnal enuresis – characteristics of the clinical profile of patients presenting to a nephrologist for the first time. Pediatria i Medycyna Rodzinna, vol. 13, n. º 4, pp. 498–506.
  3. Paruszkiewicz, G., y Lenkiewicz, T. (2000). Results of treatment of children with nocturnal enuresis with adiuretin. Nowa Pediatria, n. º 1.
  4. Eberdt-Gołąbek, B., Zmysłowska, K., Słowik, M., y Hozyasz, K. (2013). Causes of primary, monosymptomatic nocturnal enuresis in children. Own research. Developmental Period Medicine, vol. XVII, n. º 4, pp. 313–319.
  5. Kulik-Rechberger, B., y Nowakowski, Ł. (2012). Genetic determinants and etiopathogenetic basis of treatment of monosymptomatic nocturnal enuresis in children. Forum Medycyny Rodzinnej, vol. 6, n. º 5, pp. 222–227.
  6. Jobs, K., y Jung, A. (2014). Bedwetting in children – current definitions and standards of treatment. Pediatria i Medycyna Rodzinna, vol. 10, n.º 1, pp. 32–35.
  7. Tkaczyk, M. et al. (2012). Bedwetting in children – rational management in primary care. Part 2. Treatment. Family Medicine & Primary Care Review, vol. 14, n. º 3, pp. 514–518.

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