¿Tu hijo pequeño empieza a llorar o a asustarse en cuanto pierde de vista a mamá? Aunque puede resultar una situación incómoda tanto para el niño como para los padres, la ansiedad por separación suele ser una etapa temporal dentro del desarrollo emocional en la primera infancia. ¿Cuáles son sus causas y cuándo desaparece? ¿Es siempre algo natural? ¿Y cómo podemos acompañar a nuestros hijos en este proceso? A continuación, respondemos a las preguntas más importantes.
Echar de menos a mamá: ¿qué causa la ansiedad por separación?
La ansiedad por separación es un fenómeno natural en la vida de muchos niños. Suele aparecer cuando ya se ha establecido un vínculo fuerte con la madre, aproximadamente entre los 10 y los 15 meses de edad. No obstante, se observa que incluso niños de 18 meses o algo mayores, especialmente en momentos de cambios evolutivos, pueden mostrar una mayor necesidad de cercanía con su figura de referencia [1].
Este tipo de ansiedad surge porque el niño todavía no comprende que, aunque la madre desaparezca de su vista, no se ha ido para siempre y volverá. Por ello, le resulta difícil gestionar cualquier tipo de separación, incluso si es breve.
Aunque normalmente se trata de una fase pasajera, en algunos casos los síntomas pueden intensificarse o aparecer en niños más mayores, a partir de los 4 o 5 años. En estos casos, puede hablarse de un trastorno de ansiedad por separación. Entre sus posibles causas se encuentran factores hereditarios y el entorno familiar, incluyendo situaciones estresantes, sobreprotección, experiencias traumáticas o una mayor sensibilidad emocional. Este tipo de ansiedad es más frecuente en niños cuyos padres han vivido experiencias similares o cuyas madres han padecido depresión u otros trastornos mentales [2].
¿Cuáles son los síntomas de la ansiedad por separación?
La ansiedad por separación puede aparecer en distintas situaciones, pero siempre implica la separación de los padres u otros cuidadores cercanos. El niño puede mostrar angustia tanto ante separaciones prolongadas —como cuando el cuidador se va a trabajar— como ante ausencias breves, por ejemplo, si sale un momento a hacer recados.
También puede manifestarse cuando es el propio niño quien se separa, por ejemplo, al ir a la guardería o a casa de los abuelos.
Los síntomas pueden variar según la edad y la personalidad del niño. En los más pequeños, suelen incluir llanto, inquietud, rabietas o evitación del contacto visual con personas desconocidas. Los bebés pueden presentar dificultades para conciliar el sueño o pérdida de apetito.
Algunos niños también pueden quejarse de síntomas físicos, como dolor de cabeza o de estómago, e incluso presentar vómitos.
¿Cómo ayudar a un niño con ansiedad por separación?
Aunque la ansiedad por separación suele ser una fase temporal, es importante que los padres sepan cómo acompañar a su hijo durante este periodo.
En primer lugar, conviene familiarizar al niño desde pequeño con la idea de quedarse al cuidado de otras personas. De este modo, entenderá gradualmente que separarse no significa abandono, sino que siempre hay un reencuentro.
El apoyo emocional es fundamental: proporcionar seguridad, cercanía y afecto ayudará a que el niño se sienta más tranquilo. Construir un entorno seguro es clave para prevenir o reducir la ansiedad por separación.
También pueden ser útiles juegos como el “cucú-tras” o esconderse y reaparecer, ya que ayudan al niño a comprender que lo que desaparece vuelve a aparecer.
Del mismo modo, es importante fomentar la autonomía y permitir que el niño explore su entorno y se relacione con otras personas. Las separaciones breves y progresivas le enseñan a manejar mejor estas situaciones. Si el niño va a la guardería, puede ser útil que lleve un objeto familiar, como su juguete favorito, que le aporte seguridad.
Como en muchos otros aprendizajes, el progreso gradual y la paciencia son clave. Acostumbrar poco a poco al niño a separarse de sus padres facilitará que, con el tiempo, se sienta más tranquilo y seguro en estas situaciones.